martes, 29 de abril de 2014

ECLIPSE



Me voy acostumbrando a ser recuerdo,
sombra, sólo sombra
de aquella luna
que te creció en los ojos.
Se ha interpuesto una muerte
entre tu cuerpo y mi cuerpo
y muerde la luz
una terca opacidad.
Me estoy haciendo oscuro
cuando intuyo tu piel iluminada
y me oculta tu vientre sombreado
la magnolia azulada de tu sexo.
Tengo que acostumbrarme
a clasificar las huellas
por orden de recuerdo,
a ordenar los besos por las fechas que figuran
en la memoria de los ríos.
Tu nuca, tu espalda, tu cintura
y las piernas que escalaron
mis montes, mis relieves, mis centros.
No servirán los cristales ahumados de los huesos
para que no deslumbren
la lejanía acumulada.
La muerte tiene exigencias
y cuchillos que sajan,
que dividen,
que separan la carne de la carne.
Sombra acaso, sólo sombra
y un eclipse taponando los ojos
antes de que la vida encienda
el cigarrillo último
y dispare
y heredes mi tiempo reventado
por si quieres guardarlo entre tus pechos.


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