viernes, 3 de octubre de 2008

LA MEMORIA DE DIOS

La memoria es un encuentro del tiempo y el corazón. En ese calor íntimo, el hombre proyecta su historia oscura o lúcida para crear futuro limpio.

Estamos pariendo la Ley de la Memoria Histórica. En ella tratamos de hacer coincidir la redención de un ayer doloroso con el mañana utópico por el que tantos y tanto hemos luchado.

El Partido Popular se opone por oscuros motivos. Habla de heridas reabiertas sin querer aceptar que cuando no se cierran bien se producen cicatrices queloidales en extremo dolorosas. Lo cierto es que si condena el franquismo, el infame golpe militar del 36 y se acerca misericordioso a las tapias de los cementerios, a lo mejor tiene que renunciar a su propio pasado. Y eso escuece.

La Iglesia va como siempre al margen de la historia. Beatificará a 498 mártires y los convertirá en testimonios de reconciliación. Los Obispos le asignan a Dios una memoria selectiva y consiguen que sólo se acuerde de “los buenos” En la memoria de este Dios pequeño, disminuido, jibarizado, no caben todos los que sufrieron una muerte indigna por las cunetas españolas. Dios no confunde la sangre roja con la sangre azul. Azules son los mártires encumbrados a la gloria de Bernini. A Ellos va el recuerdo emocionado de la Iglesia. Los que murieron por la legalidad histórica, delatados por párrocos franquistas, los que no quisieron ser cómplices de cuarenta años de dictadura, esos no son recordados por un Dios moreno de cara al sol, Corazón santo, tú reinarás y a quien rezamos por nuestro Caudillo Francisco. Obispos golpistas, Iglesia golpista, cruzada santa donde algunos caían por Dios y por España. Los otros simplemente se desparramaban porque el régimen los escupía de su propia tierra, porque Dios era de derechas y los exiliaba de su memoria.

Según Martínez Camino, esos 498 mártires reconcilian. Según Acebes los demás muertos abren heridas. Alguien les descerrajó un tiro en el pecho hace muchos años. Alguien les da el tiro de gracia ahora para que nadie se atreva a recordarlos. No han terminado las ejecuciones. A Algunos les excita la pólvora del olvido más ignominioso. Mártires santos unos. ¿Por qué no testigos laicos los otros?

España nunca será España si no bebe el cáliz de la sangre, de toda la sangre derramada por todos como redención de nuestra historia. La Ley de la Memoria Histórica asume la muerte de católicos. ¿Cómo la Iglesia y el PP. no asumen como propias las muertes de los que irremediablemente fueron hermanos? Fue una guerra fratricida, como todas las guerras. Y todos deberíamos sentir vergüenza de ella.

Cuando en la memoria se encuentran el tiempo y el corazón debería ponerse de rodillas una Iglesia prostituida, amante del dictador, y una sociedad que necesita redimir su conciencia. Y todos, asumiendo nuestros muertos, todos nuestros muertos, ofrendar al futuro el sacrílego martirio del ayer.



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